María Santísima del Dulce Nombre · Francisco Berlanga de Ávila, 1994
La imagen de María Santísima del Dulce Nombre refleja el instante en que María rompe a llorar ante el sufrimiento de su Hijo, condenado a muerte por el Sanedrín.
Sus manos están en actitud de llevarse una a los ojos para enjugar las lágrimas, gesto que transmite la profundidad del dolor materno y la ternura de quien acompaña a Cristo en su Pasión.
Es una imagen de candelero en madera policromada para vestir, obra de Francisco Berlanga de Ávila (Sevilla, 1958), al igual que el resto de imágenes del misterio.
Mide 1,72 metros de altura y fue concebida siguiendo los cánones de la imaginería sevillana, con una expresión de dolor contenido que la conecta con la tradición de las dolorosas andaluzas.
«Con la advocación de María del Dulce Nombre la Iglesia celebra el nombre que recibió la Santísima Virgen, según la tradición judía, ocho días después de su nacimiento, agradeciendo los beneficios y gracias que sus fieles reciben por su mediación.»Fiesta instituida por el papa Inocencio XI en 1683 · Ya celebrada en España desde el siglo XVI
El rostro de la Virgen expresa el momento exacto en que rompe a llorar, con una gestualidad que transmite dolor contenido y ternura maternal al mismo tiempo.
Las manos están dispuestas en actitud de llevarse una a los ojos para enjugar las lágrimas, gesto de enorme naturalidad que humaniza la imagen y acerca al fiel al dolor de María.
El llanto de María, plasmado en la policromía del rostro, refleja la desolación de la Madre ante la condena injusta de su Hijo, siendo testigo impotente de su sufrimiento.
Como imagen de candelero para vestir, la talla se completa con ricos ajuares textiles y orfebrería que varían según el tiempo litúrgico y las celebraciones de la Hermandad.
Con la advocación de María del Dulce Nombre la Iglesia celebra el nombre que recibió la Santísima Virgen, según la tradición judía, ocho días después de su nacimiento.
La fiesta agradece los beneficios y gracias que los fieles reciben por la mediación de María. Aunque en España ya hay constancia de su celebración en el siglo XVI, fue el papa Inocencio XI quien instituyó oficialmente esta fiesta en 1683.
La imagen es obra de Francisco Berlanga de Ávila (Sevilla, 1958), imaginero y escultor discípulo de Francisco Buiza Fernández, al igual que la imagen titular de Nuestro Señor Jesús de la Humildad y el resto de figuras del misterio.
El contrato de 1992 especifica que la imagen de la Virgen se basaría en un original suyo de 1984 realizado para Sevilla, en alusión a la imagen de María del Carmen Doloroso de Sevilla, con la que presenta un evidente parecido.
Los orígenes de la imagen se remontan a la etapa anterior de la cofradía, como Hermandad de Jesús ante Caifás. La Virgen fue inicialmente prevista bajo la advocación de María Santísima del Desconsuelo.